¿Por qué es importante usar la mascarilla si estamos sanos?

Esta es una pregunta que hemos escuchado a menudo, quizás más de lo
que quisiéramos, por ello es muy importante considerar que para que se
produzca una enfermedad debe existir al menos una persona que sea
susceptible, un agente que cause la enfermedad (virus o bacterias, por
ejemplo) y el ambiente adecuado.

La comunidad negacionista del COVID-19 ha cuestionado, entre otras
cosas, el uso de la mascarilla por toda la población y no solo por los
enfermos, argumentando principalmente que al ser personas sanas se les
estaría privando de sus libertades individuales al obligarlos a
utilizarlas. Claro que no están enfermas, ya que no presentan síntomas
de la enfermedad (tos, secreciones, fiebre, etc., en casos leves), pero
lamentablemente personas sin síntomas, es decir no enfermas, son
portadoras del virus, y al desconocerlo y no usar mascarilla en sus
interacciones sociales, pueden propagarlo y contagiar al resto, es
decir, a aquellos sujetos susceptibles de enfermar.

Esto me recuerda una historia de principios del 1900 en Nueva York, de
una portadora crónica de _Salmonella typhi_, que es el microorganismo
que provoca la fiebre tifoidea, una infección intestinal grave y que se
transmite por el consumo de agua o alimentos contaminados con
deposiciones de personas enfermas o portadoras (puede ser por un mal
manejo de excretas o un inadecuado lavado de manos al preparar
alimentos). Esta señora, conocida popularmente como Maria Tifoidea, no
tuvo la enfermedad, pero era portadora de la bacteria, y se comprobó
que en cada casa donde trabajó como cocinera las familias se
contagiaron de esta patología, provocando cuadros graves que
requirieron hospitalización e incluso les provocaron la muerte. Llegó
a ser la causante de al menos 10 brotes de fiebre tifoidea durante los
años que estuvo activa.

En el caso del COVID-19 la transmisión es aún más fácil, solo
requiere una interacción cercana, ya que se propaga por las gotitas de
saliva a las que todos estamos expuestos día a día, tanto en nuestras
casas, como en el medio de transporte y lugares de trabajo. Cada
interacción social de una persona enferma o portadora con una persona
susceptible trae consigo el riesgo de provocar una infección que no
sabemos será leve, grave o mortal, ya que desconocemos el grado de
susceptibilidad de quien se expone.

Es por esto que se insiste en la utilización de la mascarilla, ya que
no podemos saber con certeza quienes son los portadores asintomáticos,
por lo que al utilizarla todos disminuimos el riesgo para las personas
susceptibles, más ahora en la que la búsqueda activa de casos por
medio de un test de PCR o antígeno ha disminuido en forma radical.
Tenemos una gran responsabilidad social para evitar lo más que sea
posible la propagación de esta enfermedad, todavía no estamos en el
momento de relajar esta medida.

Natalia Castillo  Académica Escuela de Técnico de Nivel Superior en
Enfermería Universidad de Las Américas

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