La melatonina es anticancerígena

Numerosos datos experimentales evidencian que puede frenar la evolución del cáncer en distintas etapas del ciclo tumoral, desde la transformación celular inicial hasta la metástasis.

Aunque el término cáncer parezca aludir a una sola enfermedad, en realidad engloba más de 100 patológicas distintas, con diferentes tejidos de origen y modos de desarrollo.

El abordaje terapéutico debe ser, por tanto, diferenciado y ello hace que resulte muy complejo.

Si bien en los últimos años se ha avanzado enormemente en el diagnóstico precoz y en tratamientos dirigidos cada vez más selectivos, somos conscientes de que todavía queda mucho camino hasta disponer de tratamientos farmacológicos eficaces.

La melatonina, una molécula bioactiva de origen natural conocida fundamentalmente por su papel regulador del ciclo sueño-vigilia y su actividad antioxidante, destaca también por sus importantes propiedades anticancerígenas.

Numerosos datos experimentales evidencian que puede frenar la evolución del cáncer en distintas etapas del ciclo tumoral, desde la transformación celular inicial hasta la metástasis.

En concreto, la melatonina impide la división celular y la formación de nuevos vasos sanguíneos que nutran al cáncer (antiangiogénico). A lo que se suma que, dependiendo del tipo de tumor y de la dosis tiene el potencial de prevenir la iniciación de tumores, y la capacidad terapéutica de retardar la progresión maligna y propagación metastásica.

ASESINA INTELIGENTE

Otra posibilidad interesante es incluir la melatonina en los tratamientos diseñados de acuerdo con los parámetros del sistema circadiano (oncocronoterapias), que logran aumentar la eficacia y tolerabilidad de los fármacos. Incluso en procesos cancerosos que no responden a la melatonina, se ha demostrado que esta molécula puede sensibilizar las células cancerosas y reforzar la efectividad de los tratamientos de radio/quimioterapia, haciendo que los tumores previamente quimiorresistentes se vuelvan sensibles a la radio/quimioterapia.

Un hallazgo particularmente relevante es que la melatonina haya demostrado estos beneficios, tanto en estudios con animales como en humanos, sin efectos adversos significativos y en un amplio rango de concentraciones, lo que le ha valido ser apodada como “asesina inteligente” (smart killer).

Teniendo en cuenta su actividad farmacológica y eficacia clínica, la melatonina merece ser considerada un importante recurso de salud pública, como lo prueba que el Departamento de Salud de los Estados Unidos haya liderado un estudio en profundidad de los numerosos beneficios de la suplementación con melatonina para el tratamiento de pacientes con cáncer.

En este sentido, la estrategia de combinar quimioterápicos con melatonina podría limitar los efectos secundarios de los primeros sobre las células normales, permitiendo aumentar las dosis activas de los fármacos sin exacerbar su toxicidad.

AGENTE PREVENTIVO

La producción de melatonina en nuestro cuerpo disminuye con la edad, lo que puede contribuir a que los órganos sean más vulnerables al daño oxidativo y al desarrollo de patologías, incluido el cáncer. Todo apunta a que la reducción de la melatonina asociada a la edad es uno de los principales factores causantes de otras patologías, todas derivadas de los problemas con el buen dormir.

A este respecto, se ha demostrado que la administración aumenta las reservas subcelulares de melatonina. En consecuencia, la inclusión de esta molécula en la terapia anticancerosa convencional podría ser una estrategia para reducir el daño molecular producido por la radio/quimioterapia sobre las células sanas y potenciar así la eficacia de los tratamientos antitumorales, especialmente en pacientes con la inmunocompetencia comprometida.

No obstante, pese a contar con un gran número de evidencias científicas de la bioseguridad de la melatonina, incluso a concentraciones elevadas, es necesario seguir investigando para definir los protocolos de dosificación óptimos a cada tumor y paciente, así como nuevas formulaciones mejoradas.

Adicionalmente, son imprescindibles estudios clínicos aleatorizados para trasladar el potencial terapéutico de la melatonina a la práctica clínica.

Para este fin, resulta esencial que agencias de la salud, administraciones públicas y el estamento médico consideren plausible el uso de la melatonina y apuesten decididamente por explorar sus opciones, tanto en el tratamiento como en la prevención proactiva del cáncer.

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