Empezó la temporada de los resfríos en septiembre

El resfrío común es la enfermedad más frecuente del invierno, pero su ocurrencia se extiende hacia la primavera. Si bien es una patología benigna, las molestias de estos meses puede complicar un poco la vida por estos días.

Una cosa es estar resfriados en el invierno y otra situación diferente es enfermarse de “resfrío común” durante septiembre, donde aún no han terminado los días helados, pero tampoco el buen tiempo ha hecho su entrada propiamente tal: El resultado suele ser sacarse prendas y, bruscamente, resfriarse producto de un cambio de temperatura de manera repentina.

En general, se trata de una molestia que no se presenta con fiebre, pero sí con evidente secreción nasal líquida, tos que puede ser muy irritativa y también dolor de garganta.

Sin embargo, lo relevante es que se trata de un conjunto de síntomas que deben tender a bajar o desaparecer después de 3 a 4 días.

MALA NOTICIA
La otra mala noticia es que este tipo de resfrío no cuenta con una terapia eficaz para tratar ni prevenir.

Tampoco hay mucha diferencia entre los tratamientos que se prescriben para adultos mayores y ancianos como para niños o embarazadas. Sólo se debe tener paciencia y esperar que la enfermedad tenga su evolución natural y, en caso de mucho malestar o algo de fiebre, se puede tomar paracetamol o el antipirético indicado por un médico según la condición específica de cada persona.
Lo que resulta muy importante es saber distinguir cuándo un resfrío se torna complicado, ya que estas infecciones virales pueden predisponer a infecciones más complejas como pueden ser los dolores al oído (otitis), a la nariz (sinusitis) y, eventualmente, escalar a una neumonía en aquellas personas más vulnerables.

Con respecto a la prevención, los especialistas broncopulmonares sostienen que no existen medicamentos ni vitaminas que puedan prevenir eficazmente un resfrío común. Además, advierten, que se trata de una enfermedad contagiosa: “Si en la casa hay uno que esté resfriado, es probable que alguien más de la familia también pueda contagiarse y enfermar”.
El contagio es principalmente por vía aérea, a través del estornudo: Las gotitas de un estornudo pueden recorrer una distancia de hasta un metro. Por eso, para prevenir el contagio, una buena idea es alejarse de aquella persona que está resfriada y no concurrir a lugares masivos donde las distancia física es más baja.

INFLUENZA O GRIPE
La influenza es una patología distinta al resfrío común y no se deben confundir. “De los cuadros respiratorios producidos por virus, la influenza puede ser más intensa, especialmente en pacientes con factores de riesgo como los diabéticos, los inmunocomprometidos y los que padecen enfermedades pulmonares crónicas, entre otros
Por lo general, el cuadro de influenza se inicia de manera súbita, dura entre cinco y diez días y presenta los siguientes síntomas: fiebre alta, dolor de cabeza, dolor en los ojos, debilidad, cansancio, tos seca, dolor de garganta, romadizo o flujo nasal, dolores musculares, diarreas y vómitos, entre otros.

CIFRAS Y CONSEJOS

La vacuna contra la influenza no tiene ningún efecto contra los resfríos comunes, patología o molestia que no tienen ningún antídoto que no sea la precaución: las gotas contagiosas de un estornudo pueden recorrer una distancia de hasta un metro.

Para evitar el contagio, hay que alejarse del enfermo.

20 segundos es el tiempo que se deben lavar las manos para evitar los contagios.

Existen más de 200 tipos de virus que causan síntomas como los del resfrío común.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) un niño normalmente puede llegar a tener 6 a 7 resfríos en un año.

Según los organismos sanitarios, lavarse adecuadamente las manos puede reducir el riesgo de resfriado hasta un 45%, dado que los microbios que se pegan en las manos pueden atacar nuestro organismo cuando nos frotamos la cara, la nariz o la boca. 

Ahora bien, el humo es un agente externo y perjudicial para nuestro organismo y los fumadores, al inhalar el humo, hacen que su cuerpo tenga que esforzarse para expulsar los residuos y sea más vulnerable a otras infecciones. Por otro lado, el alcohol deshidrata el organismo, lo que conlleva un desequilibrio del sistema inmunitario y nos hace más vulnerables ante las bacterias.

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