Regreso a la presencialidad, una mirada crítica desde la Terapia Ocupacional

Se aproxima un nuevo “súper marzo”, llamado popularmente así por
el estrés que conlleva retomar rutinas con alta carga de
responsabilidades, roles y gastos.

Sin duda, la pandemia le ha agregado a estas fechas una cuota feroz de
incertidumbre que nos ha hecho experimentar ansiedad, una suerte de caos
constante al cual debemos una y otra vez poner paños fríos. Hoy,
cuando muchos construyeron nuevas formas de organizar sus actividades
cotidianas incorporando la virtualidad, nos vemos ante la inminente
posibilidad de volver a la presencialidad. Una vez más nos vemos
expuestos al cambio ¿Cómo hacerlo? ¿Es acaso la solución una rutina
“funcional”, donde se privilegie cumplir con las exigencias del rol
laboral por sobre otros?

No existe una clave, pero si nos afanamos en construir una rutina
estructurada y funcional, sin consciencia de “para quién es
funcional”, además del impacto del contexto sanitario y la salud
mental, podríamos caer en ser nuestros propios verdugos, imponiéndonos
exigencias a costa de nuestro bienestar. Nos arriesgaríamos a construir
una rutina autoexplotadora, en sintonía con una sociedad exitista, que
promueve el individualismo y la ilusión de la autosuficiencia.

Si interpretamos una rutina funcional como cumplir exclusivamente las
demandas de un sinfín de roles, siendo productiva, con la lista de
pendientes al día, haciendo, haciendo y haciendo aún más, deja de ser
una herramienta y pasa a ser una imposición que nos somete y esclaviza.
 El tiempo de descanso, de tener una conversación con nuestros seres
amados y conectarnos con nosotros mismos, también debería convertirse
en parte esencial de nuestra rutina “funcional”, como una forma
posible y necesaria de organizar mi vida y efectivamente vivirla. No un
privilegio, sino que un derecho.

Si no nos detenemos a cuestionar los cambios, a validar nuestras
emociones en torno al impacto de la incertidumbre, nos dejamos de tratar
a nosotros mismos humanamente, para finalmente cosificarnos. Es
necesario hacer un alto y decantar los cambios: es válido sentir temor.
Cuestionemos la forma en que organizamos las actividades, construyamos
comunidad, identifiquemos nuestras redes de apoyo, deconstruyamos los
modos de vida que nos violentan. Demos paso a la empatía, la
contención y colaboración en tiempos de crisis y en tiempos de paz.

Alejandra Garcés Académica de la Carrera de Terapia Ocupacional UDLA
Sede Viña del Mar

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