China muestra (con orgullo) cómo se planta un bosque en pleno desierto

 El milagro de “Saihanba” es un ejemplo espectacular de cómo un Estado puede levantar un megabosque en medio de la nada, cuando existe la voluntad política para ello. Se trata de una apuesta que involucra el trabajo de tres generaciones motivadas por revertir el daño ambiental. Es también un sueño inspirador para la región de Tarapacá, pero no un imposible.

Isabel Frías

Periodista U.C.

La crisis del cambio climático ha reformulado las miradas que se tenían de las áreas desérticas, como las que tenemos en Tarapacá.

Mención aparte es la República Popular China, país que tiene la voluntad política y económica de convertirse no solo en líder en la producción de energías limpias. El gigante asiático también está actuando –de manera planificada– en los más diversos campos, que incluyen el forestal.

Sin embargo, como sucede casi con todo lo relacionado con China, la acción del gobierno de Xi Jinping es “a otra escala”, donde los números se disparan, las inversiones son multimillonarias y hay que ocupar expresiones superlativas.

Un ejemplo perfecto es el llamado “Milagro de Saihanba”, donde se ha transformado una tierra estéril en un bosque exuberante gracias al trabajo (increíble) de tres generaciones de chinos, quienes por estos días comparten las hermosas fotografías del mayor bosque artificial del planeta y –por supuesto– están más que orgullosos de este logro.

HISTORIA BAJO EL SOL

De manera muy parecida a nuestra Pampa del Tamarugal, la zona de Saihanba albergaba abundantes recursos forestales, frondosa vegetación, un eterno verano fresco gracias a la sombra de especies vegetales y una gran biodiversidad, pero aquello sucedió hace 400 años atrás.

Este verdadero oasis chino comenzó a sufrir guerras y la deforestación propia de los asentamientos humanos informales que derivan de ese fenómeno.

Al ir desapareciendo los árboles, se hicieron cada vez más frecuentes las tormentas de arena, al igual que varias ciudades del norte de China. Decididos a poner fin a esta tragedia de la biodiversidad, en 1962 la Administración Forestal creó la Granja Forestal Mecánica de Saihanba, y envió a 369 empleados forestales a la zona con la misión única de plantar árboles.

El primer grupo de silvicultores de Saihanba lo componían básicamente jóvenes veinteañeros, los cuales enfrentaron problemas bien complejos provistos de las herramientas más sencillas que alguien pudiera imaginar. Y todo esto, en medio de temperaturas extrema y una sequía nunca vista. Nadie estaba en condiciones de asegurar que esos árboles plantados sobrevivirían. Pero lo hicieron y con creces.

Saihanba es hoy un pulmón verde bajo el sol del siglo XXI. Su cobertura forestal pasó del 11,4% al 80% de la superficie, y esas especies pueden conservar y purificar hasta 137 millones de metros cúbicos de agua cada año.

Este colosal esfuerzo de abuelos, padres e hijos, la nación china se lo explica mediante un particular concepto, al que han bautizado como “El Espíritu de Saihanba”, y que lo definen como “el trabajo duro, el avance contra las dificultades y la innovación audaz”. O sea, una receta antigua, pero efectiva.

UNA GRANJA DE ÁRBOLES

Buena parte de esta notable historia está ligada a esa Granja Forestalsituada en la provincia de Hebei, lugar que fue visitado por la máxima autoridad del gobierno de Pekin y cuyas fotografías ilustran esta página.

Fue la ocasión propicia para que China celebrara, además, la hazaña forestal y medioambiental luego que la Comunidad de Forestación de Saihanba ganara en su momento el título de Campeones de la Tierra precisamente por reconvertir una zona degradada y situarla en la categoría de una de las mayores plantaciones hechas por el ser humano en el mundo.

Durante el recorrido, Jinping compartió con los guardabosques, inspeccionó muchos sectores llamativos del lugar y también se interiorizó de qué manera las reparticiones públicas crearon una nueva manera de gestionar los sistemas de montaña, agua, bosque, lago, vegetación y arena.

Porque en esta materia, los chinos dictan cátedra: Cuando visitó el megabosque –es decir, no uno sino varios conjuntos de bosques– el presidente Xi Jinping afirmó que las aguas lúcidas y las montañas frondosas son “recursos invaluables” y que China se ha despedido “de las viejas formas de expansión económica, que asestaron un duro golpe al medioambiente”.

En otras palabras, China no solo cambió el desierto por bosques. Lo de fondo es que esa potencia tiene el objetivo de rebajar sus actuales emisiones 2030 y conseguir la neutralidad de carbono para 2060 con verdadera aplicación.

¿Alguien puede dudar de esa palabra después de ver el milagro de Saihanba?

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