Tarapacá “espera” al líder prófugo del Tren de Aragua

  • Evangélico, bajo perfil, padre de 2 hijos, estructurado, meticuloso, el ahora famoso
    “Niño Guerrero”, no es fundador de la principal banda criminal de Venezuela que tiene
    “células operativas” en Chile, pero sí quien la internacionalizó y expandió sus
    millonarios negocios ilícitos. Mientras nadie descarta que venga a esconderse a nuestro
    país, el análisis experto apunta a tres lugares en que probablemente ya esté instalando.
    Isabel Frías
    Periodista U.C.
    Según fuentes oficiales de la PDI y el propio Fiscal Nacional Ángel Valencia, está confirmado que
    existen al menos 350 integrantes de la peligrosa banda criminal venezolana que han operado en
    Chile y una amplia mayoría de estos peligrosos delincuentes ha ingresado a nuestro país —de
    noche— de manera clandestina, a través de los pasos no habilitados que existen en la frontera que
    conecta a Bolivia con Tarapacá. Hay excepciones, marginales, y corresponden a cabecillas que
    entraron “legalmente” por el Aeropuerto A. Merino Benítez con pasaporte en mano.
    Los 350 miembros operativos del Tren de Aragua (TDA) es un dato muy relevante, porque a partir
    del pasado miércoles 20 de septiembre, el “hasta ahora” líder indiscutido” del TDA se convirtió no
    solo en prófugo de la justicia venezolana, por una condena de 17 años zanjada en 2018: También
    desde nuestra comuna de Pozo Almonte, su Juzgado de Garantía acaba de cursar una orden de
    captura por su vinculación con una larga lista de delitos en los que debería ser imputado acá, por
    el Fiscal Regional Raúl Arancibia Cerda, quien lidera y coordina todas las causas abiertas en
    nuestro territorio.
    TODO LO QUE SE SABE
    Esa orden judicial gestionada desde Tarapacá apunta a un hombre específico, Héctor Rusthenford
    Guerrero Flores, alias el “Niño Guerrero”, quien hasta mediados del mes pasado era el reo
    rematado (“pran”, abreviación de Reo Rematado Asesino Nato) que lideraba el sangriento TDA
    desde la cárcel de Tocorón, uno de los siete recintos penitenciarios que el Estado Bolivariano
    decidió entregar su administración interna a los propios reclusos “para bajar la violencia” que las
    afectaba en la década pasada; hoy quedarían seis cárceles bajo esta insólita modalidad.
    Sin embargo, para entender cómo un joven aprendiz de delincuente nacido en Maracay, de 39
    años —evangélico devoto y practicante— se convirtió en el sagaz líder de la actual banda
    transnacional que moviliza a fiscales y policías es una historia más larga de contar y está
    irremediablemente unida a un sindicato pro-chavista surgido tras las obras de construcción del
    tramo del Ferrocarril proyectado para unir los estados (regiones) de Aragua y Carabobo, en el
    Centro Norte de ese país. Y —aunque esa obra vial nunca pudo terminarse— transformó el mapa
    criminal de su país y Latinoamérica porque los dirigentes de la agrupación comenzaron a cobrar
    dinero por la asignación de puestos de trabajo y también a extorsionar a los contratistas a cambio
    de protección o “vacuna” en jerga delictual.
    Esto ocurría en el año 2005, mismo período en que Héctor Guerrero Flores se iniciaba como un
    joven hampón en su ciudad natal, mientras se consolidaban los dos fundadores históricos del Tren
    de Aragua que fueron el fallecido José Gabriel Álvarez Rojas, alias ‘el Chino Pradera’, junto al

nombre clave por estos días: Johan José Romero, alias ‘Johan Petrica’, el único que permanece con
vida y que ahora lidera los negocios del TDA en el más truculento (o suculento) de los negocios
criminales venezolanos como es la minería ilegal de oro del estado sureño de Bolívar, que enlaza a
la banda venezolana con la guerrilla y el narco colombianos además de la temida delincuencia
brasileña. En Venezuela es vox populi que Héctor Guerrero si no está hoy en Bolívar, ya estaría
instalado en la frontera de esos dos países, o tal vez recurriendo a la cirugía plástica en Bolivia.
Si durante estos últimos quince días los lectores han leído con sorpresa algo de las peculiaridades
del “territorio libre” de la cárcel de Tocorón —donde operaba el “Niño Guerrero”— la
contingencia actual supera esa apuesta y pasó a centrarse en las atrocidades que se viven esos los
estados venezolanos limítrofes del Sur, donde los volúmenes de dinero negro que circulan son
muchísimo mayores que las generadas en las localidades de San Vicente en Aragua o en los pasos
fronterizos latinoamericanos donde impera la megabanda que dirige Héctor Guerrero Flores en
Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y, por supuesto, Chile.
OLFATO COMERCIAL
Para la ciudadanía el dato y la alarma internacional de estas dos últimas semanas ha sido la fuga
del ‘Niño Guerrero”, quien fuera recluido por primera vez en Tocorón en 2010 por asesinar a un
policía, pero desde donde escaparía 2 años más tarde junto a otros reclusos y donde logró
establecer alianzas sólidas con los integrantes de Tren de Aragua que funcionaban —en ese
momento— en esa cárcel que estaba al mando del delincuente más famoso de Venezuela, el
exboxeador Wilmer José Brizuela Vera, alias Wilmito.
Un año después de esa primera fuga, Héctor Guerrero Flores sería recapturado y reintegrado a
Tocorón, donde no tardó en disputar el liderazgo del recinto penitenciario asesinando a Brizuela
Vera con disparos en el rostro y el pecho. Con esta maniobra fatal, Héctor Guerrero también
inauguraría una etapa de consolidación del grupo criminal gracias a la reconversión del penal en
una ciudadela de lujo, la aplicación de nuevas estrategias delictuales, además de una apertura de
su portafolio hacia una multiplicidad de delitos “rentables”. En otras palabras, una vez que llegó a
la máxima jerarquía del TDA, el ‘Niño Guerrero’ pudo potenciar su extraordinario oportunismo y
olfato financiero, multiplicando de manera exponencial las arcas del grupo, erigiéndose como una
organización criminal “multipropósito”, la cual crecería más todavía gracias al derrumbe de la
economía bolivariana y al inicio de la diáspora de casi 8 millones de venezolanos que comenzaron
a emigrar en busca de sustento.
Tal fue la transformación que experimentó el Tren de Aragua bajo el mando del ‘Niño Guerrero’,
que, si bien su primera fuente de dinero provenía del cobro semanal de 15 dólares a cada preso de
Tocorón por mantenerse con vida y utilizar sus instalaciones, con la ruta de la migración esta
banda diversificó su portafolio de negocios ilícitos, tanto en el penal como como en los delitos que
comenzaron a ejecutar sus cerca de 2.000 integrantes, número que en realidad podría doblar esa
cantidad. De acuerdo a lo constatado por diversas ONG y en particular al Observatorio Venezolano
de Prisiones (OVP) de ese país, el ‘Niño Guerrero’ es el creador de la oferta y cobro a los reclusos
por servicios tan diversos como restaurant, drogas, armas de guerra, juegos infantiles, piscina,
discoteque, peluquería, piscina, zoológico, almacenes de ropa de marca, alimentos, además de
venta de armas de distinto calibre y alcance, drogas, arriendo de motos, estadía de familiares y
“salidas” fuera del penal por finalidades recreativas o delictuales. Esa oferta se extendió también a
la trata de personas para explotación sexual y la realización de espectáculos con conocidos artistas
llaneros.
Padre de dos hijos fruto de su relación con Wendy Ríos, la vida familiar del ‘Niño Guerrero’ es
manejada reserva, pero ya se sabe que es un hombre organizado, muy estructurado, que cultiva el
bajo perfil por lo que no existen muchos registros fotográficos y los que circulan estarían

desactualizados incluyendo los incluidos en esta páginan donde sus cejas pobladas serían el mejor
distintivo.
Lo más inquietante —aparte del abanico de delitos que comete— es que sus víctimas son
básicamente sus propios compatriotas, sumado al hecho objetivo que amenzar al ‘Niño Guerrero’
con “llevarlo a la cárcel” para él resulta un premio: Allí él nada como pez en el agua, crece y se
expande…