“Los jóvenes volverán para emprender en la agricultura regional”

En entrevista exclusiva con El Longino, el Rubén López Parada sostuvo que los nuevos paradigmas vinculados al medioambiente, el Acuerdo de Escazú y la crisis climática han puesto a la actividad agrícola y ganadera en el centro de las prioridades no solo económicas, sino también culturales.

Isabel Frías

Periodista U.C.

Al recién nombrado Secretario Regional de Agricultura y al anterior los une no solo esa función pública, sino que también –curiosamente– haber sido miembros activos de la Armada de Chile.

En el caso del Trabajador Social Rubén López Parada fueron 10 años los que se desempeñó en dicha institución, la cual le “enseñó muchas cosas” según dijo en conversación con El Longino y donde resultan más evidentes al menos dos: La gran disciplina y el amor por la naturaleza.

No obstante, este nuevo Seremi y ex CORE añade –además– circunstancia biográfica más personal: “Soy hijo de una madre soltera que se ganaba la vida como temporera”.

De esa manera, el profesional remarca los vínculos estrechos que mantiene con el quehacer agrícola desde que era niño y que por estos días retoma con una agenda llena de retos y desafíos, todos bajo el marco de las prioridades del gobierno del Presidente Gabriel Boric.

Dentro de las proyecciones previas, a usted se lo indicó como una de las opciones para encabezar la Seremia de Vivienda, no de Agricultura.

– Sí y eso aconteció, principalmente, porque presidí la Comisión de Vivienda y de Ordenamiento Territorial del Consejo Regional y de ahí mi vinculación con esa cartera y también a Bienes Nacionales. Pero, por mi historia de vida, desde pequeño trabajé junto a mi madre en la agricultura hasta que con 17 años postulé a la Armada y me quedé allí por una década.

Si crecí en San Felipe, mis abuelos eran de Victoria y con la crisis salitrera tuvieron que migrar hacia el sur del país.

Me tocó a mí volver el año 2000 con la historia familiar, ya como marino, y acá me quedé.

¿Cómo contrasta esa biografía suya, tan emotiva, con la agricultura que hacen las mujeres y los hombres en nuestra región al día de hoy? ¿En qué condiciones se da?

– Interesante su pregunta y le cuento que llevo trabajando más de 10 años acá, en Tarapacá, en lo que son los APR, sigla del Agua Potable Rural y esa circunstancia me ha permitido conocer el 95% o más de las localidades del Tamarugal y de su agricultura porque –precisamente– el APR va para atender las necesidades del mundo rural, tanto para sus actividades cotidianas como productivas.

Además, una vez que concluyó mi período el año pasado como Core, mi último trabajo fue liderar la Dirección de Desarrollo Comunitario en Colchane donde la población vive básicamente de esta actividad.

Pienso que, con toda esa especialización, expertise y manejo territorial, donde más puedo aportar es desde esta Seremia.

Entiendo que una de las tareas que tiene sobre su escritorio es cómo motivar a que la gente joven a integrarse a esta actividad.

– Ése es uno de nuestros desafíos, para que la gente vuelva y retome una cultura de sustentabilidad que existía, hace 30 años atrás, cuando las familias cultivaban ellas mismas en su patio sus tomates, sus verduras.

Ahora, específicamente en esta región es muy, muy relevante que los jóvenes –en un sentido bien amplio– vuelvan a sus pueblos para empezar a desarrollar la nueva agricultura del desierto, con tecnología de punta, con hidroponía, con riego tecnificado, con energía solar y que no se vaya a otras áreas como la minería, por ejemplo.

Tenemos que retener y retomar ese talento.

La minería, que es la actividad más estratégica de la economía del Norte y de Chile, ofrece múltiples y grandes incentivos a ese grupo que menciona. ¿Qué incentivos podría brindarles a ellos la agricultura de Tarapacá?

– Estamos en un momento histórico de cambio de paradigma en cuanto a “sentir el mundo” porque se ha descuidado al medioambiente y la sustentabilidad. Por eso, ahora vemos jóvenes, movimientos ecológicos, movimientos animalistas, veganos, que buscan otra forma de encarar la vida y que, además, se enlazan con las nuevas oportunidades que el mundo actual ofrece.

Me refiero a la tecnología principalmente y que permiten avances sustanciales y sustentables en la forma de producir agricultura: Si antes el horizonte era el uso de la pala y el chuzo, hoy tenemos riego tecnificado, riego automático controlado hasta por un celular o cultivo hidropónico, todo lo cual va en directa relación con los avances científicos y tecnológicos con los cuales podemos hacer lo que se conoce como “agricultura del desierto”.

Este fenómeno lo han comenzado muchos agricultores locales, pero también tenemos que pensar en ver las tendencias de vanguardia, emergentes, como una posibilidad para lugares como Iquique y Alto Hospicio donde perfectamente nuestros jóvenes pueden emprender proyectos, por ejemplo, de hidroponía.

A los emprendedores agrícolas jóvenes se los seduce con energía solar, agua de mar desalinizada e internet de alta velocidad, algo bien difícil en la actualidad, en los pueblos andinos y del interior.

– Concuerdo. Por eso tenemos que ser capaces de pasar de una economía extractiva a una economía tecnológica y es, además, el gran salto de paradigma que tenemos que dar respecto de una nueva forma de ver la política, la producción y la vida desde un Modelo Extractivista a un Modelo Sostenible.

Estamos hablando de una economía circular, familiar y campesina. Y a la lista que usted hace en su pregunta, añada el mejoramiento de nuestros caminos y rutas porque, lamentablemente en los últimos 4 años hemos visto un deterioro en la infraestructura vial regional y de manera principal en rutas rurales.

Pero, dado la crisis global de crisis y cambio climático es vital incentivar la agricultura. Y, aun en medio de una pandemia de grandes proporciones, se debe visibilizar que en Tarapacá nunca faltaron los ajos, las papas, las lechugas, los limones ni las zanahorias gracias a nuestros agricultores locales que –hay que reconocerlo– hoy son un grupo compuesto por hombres y mujeres de una cierta edad. Por eso mismo, necesitamos pensar en asegurar la cadena alimentaria y también en el recambio de nuestros agricultores y ganaderos.

Usted dice mujeres y hombres mayores que pertenecen a pueblos originarios en su mayoría.

– Toda nuestra agricultura tarapaqueña y ganadería, ligada acá principalmente a los camélidos, es emprendida por ellos. De hecho, tenemos la esperanza que, con la nueva Constitución, la plurinacionalidad y el respeto a las costumbres ancestrales podamos tener faenamiento de animales, por lo menos en los territorios aymara ya que tema de los permisos sanitarios ha sido complejo hasta ahora y eso tenemos que modificarlo. Asimismo, pronto contaremos con la entrada en vigencia del Acuerdo de Escazú, que vendrá a ser otro apoyo en esa línea.

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