Los dos inspectores claves para resolver delitos en Tarapacá

  • El Longino conoció cómo funciona la Sección de Recuperadores Criminalísticos de la
    PDI en Iquique, donde se realiza una labor crucial para los Tribunales y la aplicación de
    justicia. Con seis años tomándole el pulso al delito, ambos profesionales nos explicaron
    en qué consiste este trabajo bajo un escenario de “robos y homicidios cada vez más
    complejos de resolver desde el punto de vista policial”.
    Isabel Frías
    Periodista U.C.
    Según se supo hace solo unos días atrás, finalmente fueron condenados a 20 y 15 años los tres
    ciudadanos extranjeros que secuestraron y asesinaron al adulto mayor Nelson Murúa Páez,
    durante enero del 2022. Para que se concretara ese fallo unánime del Tribunal Oral en lo Penal de
    Iquique se realizaron cientos de diligencias y pericias, pero donde el factor determinante para
    establecer la culpabilidad de los imputados fueron las evidencias científicas recogidas por la PDI en
    Alto Hospicio, en el mismo lugar en que dos hombres y una mujer acabaron con la vida del
    malogrado y querido comerciante.
    Lo anterior demostró, una vez más, que la creación de la Sección de Recuperadores
    Criminalísticos (Sercrim) ha sido un éxito institucional dentro del nuevo rumbo que ha ido
    tomando la policía civil para poder encarar una realidad delictual que ha mutado en todo Chile,
    aunque de manera más radical en Tarapacá. Ello, sumado a un dato no menor y poco difundido:
    Gracias al aporte de la ciencia, las nuevas tecnologías y profesionales entrenados, ahora en la
    práctica queda muy poco espacio para la impunidad si la ciudadanía denuncia de manera
    oportuna, por los canales acreditados.
    EFICIENCIA POLICIAL
    Para materializar este transformación, el alto mando decidió en su momento estudiar a fondo los
    modelos internacionales más avanzados –como los del FBI estadounidense– y de allí surgieron las
    Sercrim que ahora “instalan desde el Minuto 1 a detectives especializados en el manejo de las
    evidencias” que genera cualquier delito, mientras el resto de los oficiales se despliega en las otras
    tareas investigativas requeridas, como son el empadronamiento de testigos, entrevistas y
    recuperación de grabaciones de cámaras de vigilancia. “El nivel de eficiencia y ahorro en los
    tiempos aumentan exponencialmente bajo esta nueva modalidad”, resume la subprefecta
    Carolina Castillo Gómez, jefa del Laboratorio de Criminalística con sede en Iquique, de quien
    dependen los dos detectives que aceptaron compartir sus experiencias con los lectores de El
    Longino en esta edición.
    Como parte detallando el joven inspector Rodrigo Aguayo Zúñiga (28, oriundo de Temuco), uno
    de los dos inspectores que integran la Sercrim Iquique, “levantar evidencias es no solo el primer
    paso clave en toda investigación policial, sino que desde esta Sección se aportan las pruebas
    científicas que se presentarán en los Tribunales y que son el elemento decisivo de todo fallo
    judicial”, apunta al empezar la conversación.
    En tiempos en que la ciudadanía pide mayor efectividad para combatir la delincuencia, las
    palabras de este oficial permiten dimensionar de qué manera nuestra región ha ido avanzando en
    incrementar la capacidad de respuesta de las policías y de las fiscalías, con un trabajo silencioso y

bastante anónimo. Dicha comprensión se grafica bien cuando el propio detective Aguayo subraya
que, “por mucho que alguien (sospechoso o imputado) declare que ‘yo nunca estuve ahí’, nosotros
somos capaces de situar científicamente a una persona en el lugar mismo donde se cometió un
delito”. ¿Cómo puede hacerse esa gestión?, le preguntamos y él clarifica: “Recogiendo un trozo de
huella dactilar desde el sitio del suceso, sea éste el interior de una casa, por ejemplo, una oficina,
un automóvil, la pampa desértica, roqueríos costeros o un basural, desde ventanas, muebles, latas
o del objeto que sea que haya entrado en contacto con los autores del delito. Toda esa
información que recogemos es inapelable”, enfatiza.
Su compañero y colega, el inspector Víctor Quezada Vargas (31, nacido en Valdivia), pone en
contexto esa idea reconociendo la mayor complejidad de los actuales delitos, “que son mucho más
desafiantes de pesquisar y resolver” por la forma cómo los autores los ejecutan: “Cuando yo llegué
destinado a la Bicrim de Alto Hospicio en el 2018, no se veían delitos tan violentos como sucede
ahora. Si bien venía de trabajar en la PDI de una comuna de la Región Metropolitana Sur –donde
abordábamos un mayor número de casos y denuncias–, acá he sido testigo del proceso cómo
ha cambiado la gravedad de los delitos en Tarapacá, algo que se acentuó hacia fines de
2019”, revela con mucha autoridad.
NUEVOS DELITOS
La dupla de detectives sostiene que el fenómeno se observa en conocidos casos policiales,
donde la ciudadanía ha debido “mal habituarse” a informarse de asesinatos donde no
basta con terminar con la vida de alguien, sino que los delincuentes se aplican en
macabras tareas como desmembrar a las víctimas, amarrarlas, sepultarlas incluso aún
vivas, en medio de basurales o en sitios aislados, tirar los cuerpos al mar o en quemar el
cadáver. Esta inusual crueldad –más que una técnica de amedrentamiento o costumbre
importad”– deja al descubierto la clara intención de “no ser descubierto” y hacer
desparecer aquellas pruebas que inculparán irremediablemente al autor o los autores.
Qué se hace entonces, cuando no quedan restos de huellas para identificar ni siquiera a
víctimas, es la duda que despejan los inspectores de la Sercrim: “En dicho escenario, nos
coordinamos y obtenemos al material genético que extrae el Servicio Médico Legal (SML)
tras su análisis forense”.
En esa línea de análisis, Quezada Vargas complementa diciendo que el trabajo del Laboratorio de
Criminalística de PDI Tarapacá es muy distinto a la labor que se hace en cualquier otra unidad:
“Somos los primeros funcionarios que llegamos al sitio del suceso a levantar todas las evidencias,
no importa la condición en que las encontremos. Horas más tarde, las dejamos en cadena de
custodia desde donde se traspasan a los diferentes peritos para el análisis; luego, el oficial a cargo
las presentará a la Fiscalía y de ahí… directo al Juez”.
En el plano humano, estos dos detectives de raíces sureñas admiten que fue “chocante llegar a
una región donde no hay los árboles ni verde, donde la primera vista son cerros y arena. Aunque lo
más impactante para mí, lejos, fue conocer las condiciones tan precarias de la gente más pobre y
modesta de Hospicio”, confiesa conmovido Víctor Quezada.
Tanto para él como para el detective Rodrigo Aguayo, sin embargo, esa primera impresión
regional rápidamente quedó matizada cuando tomaron contacto con ese Iquique, “que tiene un
clima privilegiado, un mar increíble, una costanera hermosa, además que tiene distancias muy
cortas, los desplazamientos son mucho más breves lo que hace más compatible el trabajo con la
crianza y todo ello marca una gran diferencia”. Porque, mientras Víctor se casó y ya fue padre,
Rodrigo todavía disfruta de la alta calidad de vida regional y que los lleva a aquilatar las
proyecciones que les brinda integrar la Sercrim en la PDI de Tarapacá: “No importa dónde seamos

destinados más adelante; esta tarea que hacemos es un aporte al trabajo policial para cualquier
brigada de la institución y también un orgullo profesional impagable”.

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