Pisagua, un escenario tan glorioso como trágico
El asalto a Pisagua en 1879 es recreado por Simón Soto en su última novela
“Aguafuerte”, una obra que arranca simbólicamente en esta localidad
tarapaqueña. Muy lejos del patriotismo simplista, esta obra es una
oportunidad de “revisitar” con más profundidad el desierto, la identidad
chilena, los secretos de simples conscriptos y la violencia que siempre
acompaña a la especie humana.
Isabel Frías
Periodista U.C.
Precedido de un notable trabajo como guionista de series y telenovelas exitosas en la
televisión abierta, de forma paralela Simón Soto también comenzó a instalarse en la
narrativa nacional con su aclamada primera novela “Matadero Franklin”, donde ficciona el
mundo matarife y la incipiente cultura narco surgida en ese barrio capitalino.
Ahora ha vuelto para subir un escalón más, pero con una novela más compleja e
interesante que combina muy bien el género bélico con el western y que —para la gente
de Tarapacá— tiene la particularidad especial de arrancar en el puerto de Pisagua, en
plena Guerra del Pacífico.
Simón Soto escoge como escenario para el inicio de su segunda novela el llamado “primer
desembarco anfibio del mundo”, un telón de fondo perfecto para una trama a ratos tan
alucinante que —cualquier estudiante de secundaria— podrá reencantarse fácilmente con
episodios de la historia del Chile ocurridos en la llamada macrozona Norte, muy cerca de
Iquique. De hecho, uno de sus principales méritos es que “Aguafuerte” logra describir y
recrear las complejas operaciones militares de 1879 apegada a los hechos, pero alejada de
la tradicional pluma castrense o historiográfica, sino que más bien centrada en las
complejidades propias del alma humana: “El arranque es la guerra, claramente, pero los
hechos del relato luego toman otros senderos”, explica él, lo cual ha llevado a los críticos a
catalogar como la obra mejor lograda por el escritor; la más prometedora, con más capas
y mayor profundidad o espesor.
EL HITO DE PISAGUA
“La verdad es que para mí —como gran parte de los chilenos, afirma Simón Soto— la
Guerra del Pacífico está siempre latente; y pienso que la gente siempre tiene alguna idea
de ella, por débil, vaga o simple que sea, ya que todos hemos sido formados en los actos
del colegio en el 21 de Mayo donde se recuerda esos sucesos”, relata a El Longino, al
recordar cómo surgió el interés por escribir las 360 páginas que tiene su libro.
A juicio del escritor, la Guerra del Pacífico “es algo que está muy presente en la identidad
chilena y sentía que podía ser un tema literario potente, porque —además— la guerra
como fenómeno humano siempre es un espacio atractivo”. Y añade: “La primera imagen e
intuición que tuve fue como una especie de aparición, donde me imaginaba a una

pequeña patrulla, en medio del desierto, perdida en medio de esa guerra, cargando agua y
me imaginaba el despliegue de un tipo de western”.
A esa “aparición, se sumó un largo período de ocho años donde Simón fue “reuniendo y
adquiriendo mucho material, comprando libros, informándome, levantando investigación,
juntando bibliografía y —a medida que iba desarrollando algunas intuiciones narrativas—
iba dando vida mentalmente a las historias que se cruzan en la obra”.
¿Por qué escoger precisamente el desembarco y asalto de Pisagua como primer
escenario? “Obviamente porque es un lugar simbólico para el país, donde se abandonan
los combates navales y se instala la guerra en tierra. Además, Pisagua luego sería un
campo de concentración para los presos comunistas, en 1948 por el tema de la “Ley
maldita”, de González Videla que proscribió al PC; y luego del Golpe de 1973 fue campo de
concentración en la dictadura hasta donde llegó también la Caravana de la Muerte”,
indica para dar cuenta de qué manera la violencia y la sangre de compatriotas está ligada
a esa histórica localidad perteneciente a la comuna de Huara.
BUSCANDO EL ELIXIR
El autor aclara también que la historia de “Aguafuerte” no se relata a partir de las voces
de generales ni oficiales, sino que aborda el enfrentamiento de 1879 desde la experiencia
de los conscriptos, de aquellos que se enrolaron en las fuerzas armadas chilenas movidos
—no solo por mero patriotismo— sino por una amalgama de motivaciones dispares y
hasta conmovedoras.
Así se explica entonces el encuentro de cuatro soldados del ejército de Chile, integrantes
de una patrulla que —en plena Campaña de Tarapacá— pierde el rumbo: A la cabeza está
el capitán Ormazábal y con él Manuel Romero, el pije Ariztía, el gringo Graham y el
soldado Sanhueza quienes llevarán la trama hacia la búsqueda de una fuente de agua a la
que se le atribuyen propiedades milagrosas y que se encuentra en pleno Desierto de
Atacama.
“No diría que es una novela histórica, sino que una novela de ficción pura. Y por eso
mismo, yo quería que ese contrato tácito que hice a partir de hechos bien concretos con el
lector finalmente lo capturara para llevarlo hacia otros lugares, otros planos”, sostiene.
Entre las curiosidades de la investigación previa a la escritura que efectuó Simón Soto,
este destaca que “encontré mucho material tipo B de la Guerra, por así llamarlo. Como
por ejemplo, encontré la antigua editorial Francisco de Aguirre, que tiene muchísimo
material que invito a descubrir; de la misma manera recomiendo un libro que se llama
“Dos soldados en la Guerra del Pacífico”, que son las cartas enviadas desde el frente de
batalla por un soldado que se llamaba Abraham Quiroz que le escribe unas cartas
bellísimas a su padre. Después están también los diarios de un soldado raso que se
llamaba Hipólito Gutiérrez, que contiene relatos muy íntimos y significativos”.
En otras palabras, el autor se empapó con “mucho testimonio de veteranos, algunos que
habían quedado mutilados e incluso asistí a una exposición con fotografías de mutilados y
que, debo decirlo, fue muy respetuosa a pesar que devela la dureza del tipo de
enfrentamiento vivido”.
El mismo Simón Soto analiza su proceso creativo: “Me di cuenta que yo quería narrar una
historia desde una intimidad si se quiere media proletaria, muy de gente de a pie. O sea,

ver y vivir la guerra desde el hombre corriente. El lector ahora —dice— es el llamado a
decir si “Aguafuerte” logra transmitir buena parte de esa identidad chilena forjada en
medio del conflicto, en medio del desierto, en la campaña terrestre de Tarapacá”. FOTO:
Karla Mckay.