Claves de la exitosa apuesta de China en Sudamérica

Distanciándose de Estados Unidos, el gigante asiático apostó a
invertir en Chile, Perú, Bolivia, Argentina y Brasil robusteciendo
sectores económicos estratégicos. Por esa vía, el gobierno de Xi
Jinping profundiza además el nuevo concepto de “Prosperidad Común”
que apunta a apoyar a la Clase Media.  

 Isabel Frías   

 Periodista U.C.  

 “La economía de Argentina es tan calamitosa que solo los aventureros
como China pueden hacer negocios aquí”. La frase la dijo Carlos
Oehler, en su momento a cargo Jemse, la empresa estatal de energía y
minería de la provincia trasandina de Jujuy, la que ha suscrito
convenios de cooperación directos con la República Popular China.  

 El alto ejecutivo explicaba, además, que esa localidad “está
empezando a soñar con convertirse en un jugador global
independiente”, haciendo alusión al potencial abierto por las
inversiones chinas en los ricos salares de litio ubicados en ese país,
más o menos a la misma altura en que sitúan las reservas chilenas y
bolivianas de ese mineral, que es clave para la industria de las
baterías del auto eléctrico.  

 Es que hablar de cambio climático y reducción de emisiones de gases
contaminantes derivados del petróleo implica –automáticamente–
comenzar a hablar de una nueva economía en base a energías limpias, y
donde el gigante asiático está sacando mucha “delantera” al resto
de las potencias.  

 Sin embargo, los expertos en geopolítica estadounidenses y europeos
están comenzando a observar con preocupación el fenómeno, aunque con
un sesgo evidente: Tanto Estados Unidos como la Unión Europea están
quedando rezagados frente a la apuesta de Xi Jinping, quien ha reforzado
más que nunca a las economías de Sudámerica y –por esa vía– se
ha transformado virtualmente en el mejor aliado de Chile, Perú,
Argentina, Bolivia y Brasil para los tiempos que corren.  

 Por lo pronto, las cifras son elocuentes y apuntan que hoy China es el
socio N°1 de Latinoamérica.  

 PRESENCIA EN ANTOFAGASTA  

 Este escenario no es de hoy, sino que en realidad comenzó a levantarse
desde hace alrededor de dos décadas, mientras EE.UU. abandonó “su
patio trasero” como suele llamarse a todos los países que están
desde México hasta la Antártica chilena.   

 Porque a partir de cierto momento, Washington se concentró en el
petróleo, los países del medio oriente que lo producen y, como si
fuera poco, se enfrascó en guerras desastrosas para sus intereses como
fueron las de Afganistán e Irak.  

 China, en cambio, ese tiempo perdido por los norteamericanos ella “lo
ganó” con un hito relevante como fueron las inversiones que comenzó
a realizar durante la denominada “marea rosa”, cuando los gobiernos
de izquierda que asumieron, casi simultáneamente, en Argentina,
Bolivia, Brasil, Ecuador y Venezuela.   

 ¿Chile? Los gobiernos de la Concertación, Lagos y Bachelet incluidos,
siempre han sido considerados como “de corte socialdemócrata”, pero
el respaldo económico ha sido poderoso, particularmente en los rubros
minero y energético.   

 La pandemia del coronavirus fue, tal vez, la guinda de la torta, porque
China rápidamente instaló una planta de fabricación de vacunas en
Brasil y anunció un centro de investigación y desarrollo de Clase
Mundial en la región de Antofagasta, acrecentando las alianzas.  

 LO QUE VIENE  

 Aunque muchos sectores alertan sobre la inflación y menor actividad
económica que coincidirá con la llegada del gobierno de Boric, el
análisis a nivel internacional ese discurso está más matizado: China
seguirá siendo el mayor socio comercial chileno, porque no solo compra
salmones, frutas y madera, sino que requiere de litio y de cobre para
abastecer sus propias industrias.  

 Esta política económica china está, además, bajo el concepto de
“Prosperidad Común” que ha construido Xi Jinping, la cual apunta a
fortalecer a los grupos de ingresos medios: “No se trata de robarles a
los ricos. Se trata de reestructurar la sociedad y construir una clase
media. Al fin y al cabo, somos negocios basados en el consumo, o sea que
es bueno para nosotros”, son las palabras que utiliza para detallar el
concepto el propio Daniel Zhang, líder de la famosa compañía Alibaba,
muy comprometida con la idea.  

 En resumen, lo más relevante para Pekin son y seguirán siendo las
alianzas económicas y todo indica que Chile no dejará de subirse a ese
tren.

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